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Por Gabriela Oria

 

Las personas hemos sido creadas en dos versiones: el hombre y la mujer. Ambos compartimos la misma naturaleza humana especifica y maravillosa; somos cuerpos animados sexuados o bien espíritus encarnados, capaces de amar y con un enorme anhelo de ser amados.

El hombre y la mujer si bien compartimos la misma naturaleza humana, somos diferentes, en tamaño, en fuerza física, nuestro cuerpo revela lo que somos;  hombre o  mujer, somos diferentes también al sentir, al pensar, al actuar y al amar. Además tenemos funciones vitales complementarias y entre los dos somos capaces de procrear y formar una familia. Nuestro cuerpo es diferente y tiene impresa la masculinidad y la feminidad así como el llamado a unirse para ser uno y llegar a ser padres de un nuevo ser humano.

El cuerpo de mujer revela su identidad y su misión centrada en el amor!!  Desde niña la mujer puede preparase para ser una mujer plena y poder entonces expresar todo su potencial para amar y para recibir el amor verdadero. En el contexto de su sexualidad abrirse al hombre que se entrega a ella de forma total hace posible la creación de nuevas vidas humanas.

El cuerpo de la mujer embarazada revela la belleza de su feminidad,  su acogedora y cálida redondez revelan su misión de gestar la vida  y de dar todo por su hijo; sus senos revelan su capacidad única de nutrir y de ser madre. Ella puede expresar un amor creativo a través de la maternidad que la plenifica .

La maternidad da origen a la paternidad y viceversa y estas funciones no se limitan sólo a lo biológico, su sentido es profundísimo ya que también implica la educación y la formación de los hijos que traen a la vida en los planos físico, espiritual, intelectual  y moral y es que engendrando personas la misión de la madre así como la del padre se proyecta al infinito.

El mundo, las comodidades, el trabajo profesional fuera de casa, los viajes, las diversiones y las diversas actividades a nuestro alcance a veces parecen mas atractivas que decidirse a casarse y a formar una familia, sin embargo escuchar el llamado del amor puede movernos a valorar esta misión encomendada al hombre y a la mujer, de participar en la creación de nuevas personas recibiendo un gran voto de confianza en su capacidad para hacerlo y para transformar desde la vida de pareja a la sociedad entera. Y es que teniendo una familia crecemos, amamos incondicionalmente viviendo experiencias nuevas y extraordinarias. Juntos podemos disfrutar de todo lo bueno y lo bello de la vida!

 

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