Man and woman holding hands.

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Al pensar en mortalidad materna cero, me gustaría reflexionar sobre lo que implica el embarazo tanto por su relevancia como por su significado. Es por todos reconocido que se trata de una etapa que requiere de muchos cuidados tanto en la parte física, emocional, el entorno en el que se vive, y en la atención materno infantil. La importancia de procurar que se brinden las mejores condiciones para un embarazo saludable no sólo radica en proteger a la mujer y a sus hijos, sino a la sociedad, en general.  Organizaciones civiles nos hemos organizado para fortalecer a las mujeres embarazadas, sobre todo a aquellas que viven en condiciones adversas o en situación de desamparo.

¿De qué se trata?  De buscar el mejoramiento de la salud de toda mujer embarazada, maximizar las posibilidades de su fortalecimiento y disminuir la mortalidad materna en nuestro país.

Y es que sabemos que no existe un diagnóstico de la situación de las embarazadas en rubros relacionados con la nutrición, la vida laboral, la violencia, la educación entre muchos otros. Ante este desconocimiento del panorama nacional, poco se puede esperar sobre la  verdadera protección a la mujer que está gestando una vida.

Debemos buscar promover estas acciones:

  1. Toda mujer embarazada debe gozar de las máximas garantías jurídicas para asegurar su protección.
  2. Consideración privilegiada y preferente de la mujer gestante en el acceso a las prestaciones y servicios públicos (servicios sociales, educación perinatal, atención materno infantil respetuosa, fomento de la lactancia materna y servicios de salud adecuados).
  3. Definición de programas adicionales de protección a mujeres embarazadas en crisis, desamparo o vulnerabilidad.
  4. Establecimientos de estrategias transversales que fomenten el fortalecimiento del vínculo padre – madre – hijo.
  5. Conformación de un Diagnóstico sobre la mujer embarazada en México.

Cada uno de los puntos busca la participación de distintos sectores de la sociedad, con el fin de que el tema se vea con mayor amplitud y no sólo se limite a la salud. Y es que en los últimos años la preocupación de nuestros gobiernos ha sido la cobertura de las necesidades médicas para evitar la muerte de las mujeres en esta etapa, cuando hay más aspectos que considerar.

Por ejemplo, entre los factores que destacan se encuentran:

  1. Aspectos psicológicos. Se sabe que la falta de apoyo por parte de la sociedad y de la pareja, las propias vivencias, la experiencia de la maternidad y el temperamento del bebé constituyen factores críticos que pueden conducir a una depresión durante el año siguiente al parto.
  2. Aspectos de nutrición. La desnutrición es un proceso que con frecuencia da comienzo en el útero y que, en particular en el caso de las niñas y las mujeres, puede durar toda la vida: una niña que padece retraso en el crecimiento uterino, probablemente lo padecerá también en la adolescencia y en la edad adulta.
  3. Aspectos de violencia. Se ha identificado que los entornos de violencia intrafamiliar o doméstica constituyen un factor de riesgo de mortalidad materna, perinatal y neonatal.
  4. Aspectos educativos. Sabemos que educar a las madres les permite tomar decisiones informadas en lo relacionado a la atención materno infantil, la lactancia materna y la crianza como protagonistas responsables del desarrollo de su propia familia.

Urge apoyar a todas las madres y proteger el embarazo como un compromiso social ya que vivir tanto la maternidad como la paternidad  fortalece al hombre y a la mujer cuidando por ende a su familia y logrando el fortalecimiento de la base del tejido social conformada por la familia.  

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